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Arturo y Paty Delgado
Pastores del Centro Familiar Cristiano Agape
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| Carta Pastoral Diciembre 2009 | | Imprimir | |
| Escrito por Administrador | |
| martes, 12 de enero de 2010 | |
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La Carta Pastoral Diciembre 2009
El democrático. Estimados amigos
Recientemente viaje en el “democrático pesero”. Es el transporte más común en la ciudad de México. Hice un viaje relámpago para reunirme con algunos líderes de una iglesia en Chalco y para facilitarles mi trasporte decidí llegar por mi propia cuenta. Para los que no conocen, Chalco es una población del Estado de México conurbada con el Distrito Federal. Toda esa zona es conformada por más de 20 millones de mexicanos, una quinta parte del total de la república.
Llegue en el autobús a la Terminal del Norte, tomé inmediatamente el metro, baje en la estación aeropuerto donde pregunté cómo llegar de manera fácil y rápida a Chalco, luego de sortearse la vida tratando de no ser atropellado por algún automovilista desesperado por el tráfico o por algún ciclista de aquellos que formaban las peregrinaciones que cada año muchos mexicanos ofrecen a la guadalupana, finalmente llegue a donde se aborda el “democrático”.
El “democrático” es una especie de combi de la Volkswagen o Van americana que trasporta pasajeros, regularmente este vehículo está diseñado para trasportar unas 9 personas, incluyendo al chofer. Claro que el “democrático” está arreglado para llevar a 17 personas incómodamente sentadas y llevaba exactamente 17 pasajeros. Solamente este trayecto duro una hora y media.
No puedo negar que la primera media hora me fue hasta de diversión observando a las personas, el problema fue cuando el hombre cincuentón que venía sentado junto a mi, decidió tomarse del techo con la mano que daba a mi lado, quedando su axila a escasos 20 centímetros de mi cara, era evidente que venía del trabajo, cansado, sudado y sudando, pero más evidente fue que no se había puesto desodorante, así que tuve que soportar ese trance, que para evitar que posara su axila sobre mi hombro tuve que agacharme y así viajar por media hora.
A mi lado se encontraba una pareja que difícilmente podría identificar si eran esposos o amantes, no eran unos jovencitos y literalmente venían, como decimos en México, agasajándose. Estaban tan cerca de mí que escuchaba los torrentes de saliva que intercambiaban con pasión, sus bocas estaban a escasos 50 centímetros de mi oído, así que tuve la oportunidad de escuchar aquella escena con claridad.
En el “democrático” todos vamos pegados, no hay mucho espacio y nadie se quejaba de que estuviesen invadiendo su espacio personal. Y aunque la mayoría éramos unos desconocidos íbamos tan juntos que pareciéramos amigos de toda la vida. Ahí nos encontrábamos un grupo de personas respirando el aliento de todos y sin dirigirnos la palabra. Allí casi nadie habla, algunos dormitan, otros se agasajan, uno escuchan música, otros clavados en su celular enviando y recibiendo mensajes.
Para ser sincero y aunque conocía que se llamaba el “democrático” no entendía la razón de nombrarle así. Un pastor amigo me explicaba que en un “democrático” todos somos iguales, allí no hay jerarquías, niveles económicos, clases sociales, posiciones eclesiales, etc. El peón ayudante de albañil se sienta junto al profesional enfundado en un traje y nadie se queja de que es alguien que merece un lugar especial en ese medio de transporte.
Allí todos somos iguales, y fue precisamente lo que me llamó la atención y pude comprender que no soy mejor que nadie, allí soy como cualquier mortal, allí no hay investidura especial, ni ninguna credencial de pastor tendría validez, simplemente soy Arturo D. como se acostumbra en algunos círculos para denotar que somos todos iguales.
Pero uno se encuentra con Dios en lugares inesperados, allí me di cuenta que no soy alguien especial, sino que Dios me hizo especial por el amor que me ha demostrado mediante el sacrifico de su Hijo Jesús. No me amó por ser alguien especial sino que me hizo especial por haberme amado. Y esta debería ser la mayor gloria de alguien que, siendo polvo, ha sido amado de Dios y, a pesar de ser tan distraído, se ha percatado de ello y vive agradecido.
Arturo Delgado T. |
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