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Nuestros Pastores

Arturo y Paty Delgado
Pastores del Centro Familiar Cristiano Agape
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| La peor ceguera | | Imprimir | |
| Escrito por Administrador | |
| miércoles, 07 de octubre de 2009 | |
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Nosotros pensamos que la ceguera y la sordera espiritual son solamente del hombre impío, de aquel que está separado de la vida de Dios. Pero la peor ceguera y sordera es la nuestra, la de quienes tenemos ojos para ver y oídos para oír, cuando volvemos la espalda al Espíritu Santo (Heb. 3:7-8). Nacemos de nuevo para ver el reino de Dios, y nacemos del Espíritu para entrar en este reino (Juan 3:3-5). Nuestros ojos fueron abiertos para ver a Cristo y su reino en nosotros, porque fuimos hechos por Él un reino y sacerdotes para Dios (Ap. 1:6). Pero, como aconteció con aquel ciego de Betsaida, nosotros, al principio, no percibimos claramente las cosas de Dios (Mr. 8:22-25). Los ojos de nuestro entendimiento aún deben ser abiertos que veamos más allá de nuestra redención (Ef. 1:18-19). Por eso es necesario que el milagro continúe, para que podamos ver totalmente. Necesitamos volvernos fructíferos en el conocimiento de Cristo. Para esto tenemos que añadir a nuestra fe la virtud. La fe sin obras es muerta, pero la fe operante, la fe que es del Hijo de Dios, obra en nosotros lo que es agradable delante de Dios por medio de Jesucristo (Heb. 13:21). No son sólo obras, sino obras de fe. Por eso, en su segunda carta, capítulo 1, versos 5 a 7, Pedro continúa diciendo: "Añadid ... a la virtud, conocimiento". La virtud es la acción de la persona de Cristo en nosotros, operada por fe, y esta virtud trae conocimiento de él. Y Pedro continúa enseñando que en ese conocimiento gozamos de su fruto, el fruto del Espíritu, que es dominio propio, longanimidad, piedad, fraternidad y por fin el amor, el vínculo perfecto, la esencia de Dios. Teniendo y abundando en nosotros esas cosas, no estaremos ociosos ni sin fruto en el pleno conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Noten que es en el "pleno" conocimiento, no apenas en aquel conocimiento primario de nuestra redención. El Espíritu continúa enseñándonos por el apóstol Pedro que, en quien no están estas cosas, en quien el conocimiento de Cristo no es continuo y abundante, es "ciego", viendo solamente lo que está cerca, olvidándose hasta de la purificación de sus antiguos pecados (v. 9). Aquí no se trata de una vieja criatura, sino de un santo. Esta es una palabra de exhortación a los santos que fueron regenerados. Son hijos de Dios que vieron sus pecados perdonados y que fueron purificados, pero por no crecer en el conocimiento de Cristo, por estar sin fruto en Él, se olvidaron hasta de su redención. Éstos, a pesar de tener ojos para ver, son llamados ciegos e infructíferos. Y es peor aún cuando, en su ceguera, quieren guiar a otros; ambos caerán en el hoyo, como dijo el Señor. Por eso no necesitamos sólo de visión, sino de vida. No necesitamos sólo que nuestros ojos sean abiertos, sino que nos haga ver claramente que en Él está la vida, y la vida es la luz de los hombres (Juan 1:4). No es la luz que manifiesta la vida, sino la vida que manifiesta la luz. Sólo podemos ser luz si la vida de nuestro Señor es abundante en nosotros. Y sólo puede ser abundante si tomamos nuestra cruz y lo seguimos; si seguimos creciendo en su conocimiento. |
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